LA FILOSOFÍA DEL DINERO

Muchos creen que ser rico es tener mucho dinero, tener un montón de cosas, o llegar a cierto estatus de fama. Pero esto no es (del todo) cierto. Podría llenar al máximo todas mis tarjetas, contratar un yate con una mesa de póker dentro, meter un montón de prepagos allí e invitar a Tiger Woods para tomarnos selfies juntos con La Madame. O salir de compras con Jenny Ambuila a las boutiques más costosas de Estados Unidos y poner lindas fotos paseando en su Lamborgini. Pero eso no me haría rico. La verdad me hubieran podido meter preso.

Hoy en día hay una cagada; y es la que comete ese pretencioso de todas las reuniones que no para de hablar del nuevo iphone que se compró, de su trabajo empresa y su ascenso y que por alguna razón siempre termina sentándose al lado tuyo para alardear todo el dinero que tiene; y es confundir dinero con valor.  

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Foto por: Jenny Ambuila

Hablar de plata es incómodo y un poco de mal gusto. Pero esto tiene una razón. La mayoría de nosotros asociamos nuestro valor personal y una gran parte de nuestra identidad a nuestros trabajos y a cuánto dinero hacemos. En general esto es porque seamos malas personas o unos pretensiosos. Hoy en día es una valoración de nuestras habilidades, competencias y valor en el mercado. 

Lo que deberíamos tener en cuenta es que el concepto de valor adopta muchas formas en la vida. El tiempo es una forma de valor. El conocimiento es una forma de valor. La felicidad es otra. La tranquilidad interna puede ser otra forma de valor. Pero el dinero no es valor en sí mismo. Es solo una forma de intercambiar diferentes formas del valor, unas entre otras. 

El dinero es en esencia neutral. Es fluido, y adquiere esa dimensión de “recipiente” de valor solo cuando se pone en movimiento y se cambia. Únicamente es capaz de medir el intercambio de experiencias entre dos personas. Y este intercambio es un ciclo: Tú ganas dinero generando experiencias para otros. Luego das tu dinero para recibir experiencias en retorno. 

Incluso cuando compras cosas como ese computador portátil que quieres, ese traje para el trabajo o esa tiara con diamantes para llevar a todas tus reuniones y ser la envidia de todas. No solo estas comprando el objeto en sí. No es acerca del teclado, de la tela o de lo útiles diamantes en tu cabeza. Sino toda la experiencia que tiene el usar ese computador, vestir de esa forma o en ponerte esa tiara. Experiencias de poder, de estatus social, de ser una persona que usa los mejores equipos, o de ser una persona que invierte en si misma, que te tomas en serio y la gente puede confiar en tí… Simplemente compras un accesorio para tu identidad. Esa experiencia que es saber qué es tener algo y si esto te genera cierto placer o algún tipo de felicidad o tranquilidad. 

Esto se podría aplicar también a los intangibles, como viajar. Cuando compras un viaje con tu familia en realidad estas comprando la oportunidad de experimentar algo nuevo juntos. Algo que les da tiempo para estrechar relaciones. O cuando vas a viajar solo, estas comprando la oportunidad de darte tiempo y aprender de los otros y de ti mismo en el proceso. 

Todo el dinero que inviertes de una forma o de otra está siendo invertidos en experiencias. Es por esto que a veces pienso que este discurso de “cuando viajas inviertes en experiencias, si no lo haces eres un fracaso y no tienes experiencias reales” se cae por su propio peso. Cuando pagas esa mensualidad en el gimnasio inviertes en una experiencia. Cuando vas de paseo con tus amigos, compras un nuevo auto o vas a ese campamento de surf. La diferencia está en la utilidad que recibimos de cada una, pero esto es otro tema y depende mucho de la persona. 

Al final, la plata mide intercambios de experiencias. Y esto generalmente se manifiesta en ciclos de experiencias. Muchas veces estos ciclos no son los mejores pues se desencadenan desde una experiencia negativa: Trabajas por conseguir dinero (usualmente es una experiencia negativa) y lo usas para comprar o invertir en algo (experiencia positiva). Una vez la plata se acaba nos vemos forzados a pasar por la primera parte y trabajarla. El ciclo se repite. 

Algunos ejemplos de este tipo de ciclos:

Ciclos de Maltrato: Hay personas que se someten a niveles de abuso psicológico o físico para poder hacer lo de su día a día. Pueden ser luchadores libres, trabajadores sexuales, jefes o compañeros abusivos. Incluso trabajos que hacen sentir su imagen maltratada. Esta gente puede invertir su dinero en calmantes para el abuso: alcohol, drogas u otras adicciones. Todo para sentirse mejor. 

Ciclos de estrés: De los más comunes. Es cuando el dinero que haces llega mediante una cantidad muy grande de estrés. Este era mi caso en uno de mis anteriores trabajos. Trabajas bajo tanta presión o tu rol involucra estar constantemente vigilado, ser constantemente criticado o amenazado en cierta forma que cuando tienes dinero este lo inviertes en calmantes del estrés. Llámese un viaje para alejarte de todos y finalmente descansar u otras cosas. El invertir tu dinero en calmantes de estrés genera un ciclo interminable porque no atacas la razón que te tiene sin calma. Es por esto que no acumularás al largo plazo verdadera riqueza, bienestar o valor que te haga realmente feliz. 

Ciclos de aceptación: Hay gente cuya percepción de valor personal se ve comprometida en sus trabajos. Se sienten inútiles, inseguros o insignificantes. Lo más probable acá es que calmen sus inseguridades comprando símbolos de estatus. Pero ponerle “alivios” a sus inseguridades no cura realmente la causa, por lo que acá tampoco se termina llegando a un estado feliz o de bienestar real. 

Trabajo agotante

Al final del cuento termina recayendo en una trampa psicológica que es el materialismo. Existe una línea en “El Club de la Pelea” que nunca se me va a olvidar: “Las cosas que posees terminan poseyéndote”. Sin importar cuanto tengas, cuanto puedas comprar, cuanto ganes… si tienes que pasar por una experiencia negativa para generar experiencias positivas siempre habrá la necesidad de más. Mientras tanto, trabajarás horas más y más largas, sufrirás mayor presión y renunciarás a más y más dimensiones de tu vida.   

Entrar en estos ciclos de experiencia que acabo de mencionar te hace esclavo del centavo. La plata se va a volver uno de tus únicos propósitos en la vida y la única motivación. Una vez estas en esta etapa, ya no eres dueño del dinero. El dinero es tu dueño. Y te va a usar hasta que lo hagas parar… o te enfermes…o mueras. 

Creo que la verdadera riqueza sucede cuando en lo que inviertes el dinero no es únicamente una forma para compensar cómo lo estas ganando. Si logras alinear ambas cosas, entonces generarás bienestar real. Si entras en el ciclo en el que logras obtener dinero de una experiencia positiva y lo inviertes en otras experiencias positivas. 

La llave para entrar en este tipo de ciclos positivos es dejar de ver el dinero como una medida de éxito en tu vida.  El dinero puede llegar como consecuencia del éxito, pero no es éxito. Tampoco es la causa de ningún tipo de bienestar por sí solo.

Hablando con una amiga que renunció a su trabajo y ahora trata de vivir una vida más tranquila en el sur de Portugal, tocamos el tema del éxito. Qué creíamos que era y como definíamos a una persona exitosa. Y es que, así como hay muchas formas de valor existen también muchas formas de éxito, y la plata raramente es éxito en sí. Aunque sí puede ser un medio que te ayude a llegar allá, porque ayuda a hacer algunas cosas más fáciles. 

El verdadero valor del dinero comienza cuando vemos más allá del dinero como tal y nos vemos como mejores y más valiosas personas. Cuando no tratamos de acumular cosas, pero entendemos que únicamente intercambiamos experiencias con él. 

El valor del dinero aparece cuando lo usamos como una herramienta para ser exitosos, generar bienestar y riqueza real, no cuando lo tomamos como éxito en sí mismo. Si logramos canalizarlo hacia experiencias y valores que consideremos importantes en nuestra vida. Cuando con él creamos negocios innovadores, vivimos una vida tranquila, alimentamos nuestra creatividad, mejoramos nuestra comunidad, soportamos a nuestra familia o compartimos momentos con nuestros seres queridos. 

De esta forma no nos preocupamos por el yate y las validaciones; y podemos tomar tranquilos de esa taza mientras escuchamos al pendejo de siempre hablar de cómo hace tanta plata que el éxito desborda de su costoso traje…. Y su tiara de diamantes.