¿CÓMO MIDES TU ÉXITO?

Una vez había un atleta estadounidense. Una estrella de Pasadena en 1930 de raza afroamericana que participó en los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936 e hizo trizas el récord olímpico en un evento en el cual los alemanes querían demostrar al mundo el progreso de la Alemania Nazi.  

Este atleta, llamado Mack Robinson, hizo trizas el récord olímpico… Lo batió completamente. Pero llegó en segundo lugar. El primer lugar lo obtuvo Jesse Owens. ¿La diferencia? 0.04 segundos. 

Luego de los juegos olímpicos, Jesse Owens se convirtió en una estrella. Una leyenda en la historia. Especialmente porque fue “ese” atleta que no hizo el saludo nazi durante la celebración en el podio ganador. Por otro lado, Mack Robinson terminó como conserje limpiando baños en una escuela para niños blancos en Pasadena. 

Para colmo de males, Mack tenía un hermano: Jackie Robinson. Él también era un atleta y llegó a ser una leyenda, pues fue el primer afro americano en jugar en las ligas mayores de béisbol en la era moderna. 

Mack Robinson exhibiendo su medalla de plata como conserje.

Llegamos a ese punto del artículo en el que yo te debería decir: “Oye, pero no te compares con los otros, sé feliz tal como eres, bla bla bla” y luego todos nos hacemos en un círculo, nos tocamos hablando de lo muy grande que es esta lección de vida y volvemos a nuestras casas para enviarnos fotos graciosas de Miley Cyrus haciendo twerking, o de algún escándalo de las Kardashians. 

Lo malo es que este consejo sería una cosa completamente banal y un poco lastimosa. “No te compares con los demás”. Este consejo está casi al mismo nivel de: “Sé tú mismo”, “Sé feliz” o “Irradia confianza” en términos de “inutilidad”. 

Como personas tenemos los cables puestos para compararnos. No está mal. Siempre vamos a estar comparándonos para poder definirnos a nosotros mismos. Donde estamos y dónde nos gustaría estar. 

Este tipo que llegó tiene un mejor carro que yo. Ella es mucho más alta (¡Maldita!), pero bueno yo soy más bonita. Me pregunto cuánta plata está haciendo Daniel, últimamente está saliendo mucho y poniendo muchas fotos en su Instagram… ¿Será que su nueva novia lo está marraneando? Dios, si la gente en las reuniones me pusiera tanta atención como le ponen a David…. 

¿Esto significa que nos vamos a seguir “dando palo” toda la vida? Bueno, la vida nos va a “dar palo” todo el tiempo. Eso es de lo que se trata vivir. Comparar es un proceso natural y esto no va a cambiar… nunca. Pero lo que sí podemos cambiar es la base con la cual nos estamos comparando con los otros.  

Qué “vara” estamos usando para “darnos palo”. Si cambiamos esta vara, podemos cambiar la base de estas comparaciones. Si bien no vamos a parar de compararnos, sí podemos decidir con base a qué lo estamos haciendo y qué estamos midiendo. 

A ver les pongo un ejemplo: Puede ser que yo en este momento no esté ganando lo mismo que uno de los altos ejecutivos de una empresa minera… O alguna de estas compañías. De seguro que, si me pones al lado de ellos en un avión, en un rumbeadero “fancy” o si me pasa cerca con su carro costosísimo podría llegar a “reforzar mi inferioridad”.  Mientras que el señor Halliburton se sienta en primera clase, yo no lo estoy. Posiblemente yo me encuentre en clase económica, junto al bebe que llora de un lado y una señora con sobrepeso del otro. 

Pero, mi estilo de vida es confortable y mediante el contenido que creo he ayudado a las personas de una forma o de otra, he conocido gente increíble y me he sentido muy bien y feliz con mi vida. Mientras que ese Mr Halliburton de primera clase, que no ve a sus hijas hace un mes, saca su dinero explotando recursos naturales, jodiendo el medio ambiente y siendo parte de una cadena tóxica que ayuda a mantener una brecha considerable entre países desarrollados y en vía de desarrollo. 

Así que, aunque yo me encuentre en clase económica, podría decir que le llevo ventaja. Especialmente porque estuve específicamente en una compañía minera y decidí irme.

Al final, tú decides cómo medir tu éxito. En este momento yo no lo mido con base a las cosas materiales. Prefiero basarlo en el impacto que hago y lo bien que me siento conmigo mismo haciendo lo que hago para vivir. ¿Que soy una monja dedicada a la caridad? En absoluto. ¿Que esto es algo sesgado? Sí. Y este es el truco. Tú puedes escoger como medir el éxito de tu vida. Después de todo, hay muchas clases de éxito. 

Esto nunca nos lo dicen en el colegio. No nos lo dice el padre en la iglesia. O los padres en casa. La mayoría de nuestro sistema social se construye sobre sus propias medidas de éxito. Se espera de nosotros que las sigamos. Y en algunas ocasiones esto es forzado por la sociedad y nuestro alrededor. 

Saca buenas notas. Ten un salario jugoso. Luego ten un salario más jugoso. Cómprate cosas bonitas. Ve a la iglesia. Ten una familia. Deja de mirar cosas de Disney que ya eres grande. Mira el fútbol y siempre mira la final de la UEFA, como la gente normal. Finge que te sorprendes cuando Britney engorda. 

Ten en cuenta que, si bien muchas de las medidas de éxito de la sociedad son útiles para nosotros, hay otras que no lo son. Y tampoco son absolutas, por lo que no debemos limitarnos a definirnos como personas únicamente con ellas. El dinero es rico, pero podemos verlo como una herramienta para generar riqueza verdadera, en lugar de una medida de valor en sí. La religión les da a muchas personas dirección moral, pero no todas las personas morales deben creer en una religión. Las relaciones son importantes, pero estar soltero no te hace menos valioso como persona. 

Podemos elegir. Y lo bonito del cuento es que todos somos diferentes. Tenemos diferentes objetivos de vida, por lo que las medidas y “la varilla” para cada quien es distinta. 

¿CÓMO TE VAS A “DAR PALO”?  

Ahora, entrados en hechos: ¿Cómo medimos nuestras vidas? ¿Qué “varilla” elegimos para medir nuestro éxito? 

Esta es una pregunta un tanto compleja. Pero se podría llegar a responder con otro tipo de pregunta. Una en la cual compare en lo que te estás enfocando actualmente vs. tu métrica de éxito. Llamémoslos “potenciales de felicidad”.

Por ejemplo: 

¿Prefieres ser alguien con mucho dinero y estar en un trabajo que odias/no te hace feliz? ¿O preferirías un salario más promedio haciendo algo que te apasiona? 

¿Preferirías tener muchos seguidores en Instagram a punta de concursos o ser “famoso” haciendo algo que poco importa… como por ejemplo entrar a un reality show? ¿O ser un poco más anónimo haciendo algo que marca la diferencia (como haciendo investigación para curar alguna enfermedad…O escribiendo un poco?) 

¿Preferirías estar en una relación tóxica con alguien que te dé estabilidad económica? ¿Un sugar daddy? ¿O preferirías estar sólo y emocionalmente estable… o simplemente esperar por alguien mejor? 

En el caso de las relaciones, muchos pensamos que estas nos hacen felices, pero la salud emocional debería ser la meta de una relación, no el efecto colateral. Muchos piensan que cosas como la popularidad los van a hacer más felices… pero creo que uno debería hacer algo importante o más noble y dejar que la fama sea el efecto colateral

Como seres humanos normalmente estamos llevados por la felicidad inmediata y la búsqueda de significado. Pero a veces nos enfrascamos en comparaciones superficiales y deseo por estatus algo vano. Cuando creamos situaciones/preguntas potenciales para comparar qué nos haría más felices, podemos darnos una mano en alinear nuestras prioridades. Y así podemos ver qué tipo de éxito estamos buscando. 

Aunque no soy famoso, he ayudado a reflexionar a algunas personas sobre sus vidas. Incluso a mejorarlas un poco. Eso considero me hace algo relevante y, por lo tanto, exitoso. Tal vez el resto de las personas se encuentren haciendo un MBA, pero tu estas abriendo tu café organico en Portugal y tienes tiempo de hacer yoga en las tardes con tu pareja; viviendo bien y sin necesidades. Adivina qué: Esto también es exitoso. Puede ser que tu no estés en una relación en este momento, pero estas feliz y orgulloso contigo mismo. Esto te hace exitoso

Debemos tener cuidado de cómo medir nuestro éxito, pues esto puede determinar que acciones tomamos y qué tipo de creencias o moral adoptamos para poder alcanzar la “varilla” que nos pusimos. 

Por ejemplo: Si crees que mirar 12 horas de televisión al día es la meta última de tu vida, y llegar a ser un mago nivel 190 en World of Warcraft es tu métrica de éxito, dentro de unos meses te encontrarás obeso, solo y algo miserable… pero serás exitoso. Si decides que ser el mejor traficante de droga de tu barrio es tu definición de éxito, en unos pocos meses podrías encontrarte con un tiro en la cabeza. 

Llena estos “Potenciales de felicidad” con tus mayores deseos e impulsos en tu vida y mira a dónde te llevan. Vas a notar que sacar “la vara” de lo que la mayoría de gente te dice, o lo que la sociedad externamente te obliga a fijar, y alinearlo con un estado interno de felicidad y sentido te va a alinear más con tu propósito de vida. 

Por ejemplo: 

El año pasado mi cuenta de red social sufrió un atasco en el número de seguidores, al igual que mi blog. Me empecé a frustrar por que, por primera vez, mis lectores habían comenzado a menguar. Incluso me vi tentado a recurrir a la técnica más estúpida para atraer más tráfico. Sin embargo, me puse a pensar: “¿Preferiría que me lea una audiencia masiva a la que no le importa un bledo lo que tengo por decir, o una audiencia más chica a la que realmente le interese lo que estoy escribiendo?”. 

Eso me puso en perspectiva rápidamente. Debo poner primero el escribir lo que es importante para mí y crear contenido según crea relevante, en lugar de tratar de forzar concursos para ganar seguidores y lectores, cosa que hasta ahora no he hecho. De esta forma sé que el contenido que publico no está comprometido y se siente real. 

Algunas personas se sienten como fracasos, aunque vengan de alcanzar éxitos increíbles únicamente porque su métrica de éxito está un poco desviada y pasa a algo superficial como: ser mejor o más popular que alguien más. Tener más dinero que X o viajar más que Y. Pero ¿Qué hubiera pasado si Mack Robinson se hubiese medido con otra “varilla”? En lugar de estar enfocado en los éxitos de su hermano o en su segundo lugar. El haber luchado por demostrarle el resto de su valor al mundo. Un valor diferente. Hubiera cambiado las cosas. 

Hubiera podido haberlas cambiado para bien.