NO QUIERAS SER FELIZ PARA SER FELIZ

Una de las cosas que más me incómoda es cuando la gente habla de plata. En especial la gente que quiere aparentar que la tiene. Recuerdo una persona que me arruinaba nuestras reuniones de amigos hablándome únicamente de todo lo que había comprado: Su abrigo, su nuevo computador, cuánto costaba su reloj y cuanta plata estaba haciendo en su nuevo trabajo desde la última vez que nos vimos.  

En mi opinión si tienes dinero, simplemente no hablas de dinero. O sino eso te hace un gran pendejo.  

Una persona humilde no habla de lo humilde que es.  Una persona “cool” no dice lo muy “cool” que es él/ella. Y una persona feliz no habla de lo muy feliz que es. El que esté hablando de esas cosas simplemente no las tiene. Es más, una persona con estas carácteristicas no trata de tenerlas. Simplemente son parte de él/ella. Tal vez una de las cosas que está mal en estos días es que la gente está tratando de más, en especial con el fenómeno de las redes sociales. Y sobre todo en  el tema de la felicidad. 

Albus Dumbledore dijo una vez: “El hombre más feliz del mundo se verá al espejo y se observará tal cual es”.  

Esta es una de mis frases favoritas, pues describe que el hombre feliz no se está preguntando si es feliz.  Simplemente lo es. (Al igual que el cool, el humilde o el confiado. Lo son). 

Lo jodido hoy en día está en que la gente (en especial las generaciones jóvenes) creen que la felicidad es un “checklist” que tienes que marcar y a la cual no se llega si no todo está previamente tachado. Primero va el  (buen) colegio, luego la universidad, luego la maestria (¿MBA?), luego el trabajo exitoso, luego el marido/la mujer, luego el asenso en el trabajo exitoso, luego vienen viajes costosos, luego los niños, luego la casa de lujo con el patio trasero y el perro… 

“Si no compras esto, no podrás ser feliz”, “Si no aprendes aquello jamás podrás ser feliz”  

El problema con esto es que la lista se seguirá extendiendo indefinidamente y la casilla “felicidad” nunca terminará por marcarse. La felicidad no es algo que llega después de una lista. No es algo que se compra. No es algo que se tiene. Es algo que se vive. Al igual que muchas otras emociones; por ejemplo: cuando estas calculando tus días de retraso menstrual junto con tu novio de último año de colegio (el cual mamá muy sabiamente te aconsejó no seguir viendo) y te angustias, no estas pensando si tienes angustia. Vives la angustia. Eres la angustia.  

De compras
Un poco de placer con Cher Horowitz

NO CONFUNDAS FELICIDAD CON PLACER. 

El tema de ser feliz se ha puesto muy de auge en los último años. Todos queremos ser felices a toda costa. Todos buscamos la felicidad y vivimos bombardeados de formas para obtenerla de manera rápida, falso marketing, atajos ciegos, promesas vacías y distorciones de una vida feliz. 

Es por esto que tenemos las redes sociales llenas de gente viviendo vidas perfectas y asombrosas. Todo el mundo tiene viajes lujosos, familias perfectas, éxito, más sexo,  más amigos, más fiestas y más dinero. Por eso todos nos terminamos sintiendo como una cagada, nos angustiamos y no dejamos de preguntarnos ¿Dónde todo se fue al carajo? Después de todo, si no estuvieramos tan mal, no tendriamos que estar la mayor parte del día pensando porqué estamos tan mal. Y todo esto antes de cumplir los 27 años. 

Esta visión distorcionada hace que la gente comience a confundir felicidad con en el falso Dios del placer: Viaja más y sé feliz; ve a esta piscina y sé feliz; Para ser feliz debes trabajar desde la playa en una empresa de tecnología; mira qué feliz se ve esta familia, deberías ser más como ellos; Debes renunciar obligatoriamente a tu trabajo para ser feliz de verdad; Si no estas fit no podrás ser feliz; Solo se es feliz cuando se logra un trabajo con 8 cifras de pago… 

Placer y materialismo. 

Aunque el placer es bueno, se siente bien y es necesario en cierta cantidad, no es lo mismo que la felicidad. Se correlacionan, pero el primero no causa el segundo. Ese nuevo computador se siente bien, pero al final del cuento vas a estar igual que antes y buscando algo más dentro de poco. El ciclo viciosos sigue.  

Mientras que el placer tiene la caracteristica de poder obtenerse, ya que es generado por estimulos específicos, la felicidad no es algo que se logra por sí solo. La felicidad es la consecuencia de muchas experiencias. Y de cómo te organizas y aprendes personalmente de ellas. Por tanto no se puede buscar y es acá donde la mayoría de personas la caga. 

 

Dan Bilzerian
Expectativas según redes sociales. ph: Dan Bilzerian

HAY QUE HACER QUE LAS COSAS PASEN.  

Hay una creencia y es que las nuevas generaciones son infelices debido a que hemos crecido de una manera engreída y narcisista a los que se les enseñó que somos seres únicos y especiales en un mundo listos para recibirnos con los brazos abiertos. Y por esto todos vivimos en una burbujita de expectativas irreales. 

Si tienes la falsa percepción que al graduarte deberías estar conduciendo un BMW y ganando en dólares, sin tener que madrugar. Si así es como ves un futuro “feliz”… déjame decirte que tus expectativas están un poco jodidas. Y la vida te va a pegar una cachetada en la cara; de las buenas. Y tal vez esta sea una de las lecciones más valiosas que vas a tener. 

Tu concepción de felicidad está jodida, distorcionada y siendo mezclada con placer. El placer es la forma más superflua de satisfacción. La más fácil de alcanzar pero la que más rápido se va. Y como dije lastimosamente antes, es algo que está siendo objetivo constante de marketing por donde veas.  

La probabilidad que te gradues y comiences a manejar un Masserati mientras gastas tu dinero en lujosos viajes es bastante nula. Es cero. A menos que seas Dan Bilzerian. Y hay muy pocas posibilidades que seas Dan Bilzerian y estes leyendo este blog… Pero esto esta bien.  

Si quieres tener un salario de ocho dígitos, comienza apuntandole al de cinco. Si quieres un auto lujoso, comienza por comprarte uno más accesible. El solo hecho de comenzar a hacer las cosas va a empezar a despertar en ti el “hacer que las cosas pasen”. 

Hay algo importante que mencionar acá, y es que las cosas no pasan por si solas. Tenemos que “hacer que las cosas pasen”. Y nadie las va a hacer pasar por nosotros. Todo requiere trabajo duro y tiempo. En especial alcanzar metas. Solo con moverse pasar del querer al hacer es donde comienza el proceso. 

El punto acá no es bajar las expectativas. Ni que te debas conformar con estándares promedio. Creo que deberíamos ponernos metas altas. Ridículamente altas, si se puede. Trabajar duro por lograrlas, aunque el castillo de naipes se nos desbarate en las manos. Y creeme, va a pasar. Pero esto esta bien. 

Un estado de felicidad no recae en el salario de ocho dígitos, o en los rines de lujo. O en el prestigio de tener un negocio del que todos esten hablando. Es el detalle del trabajo puro y duro que hemos puesto en este proceso el que nos hace experimentar felicidad.   

Deja que el castillo de naipes se caiga, que todo se desbarate. Aprende de eso y levántalo otra vez. Porque así es como se aprende de la vida. Así es como las cosas grandes pasan. El pronto fracaso conlleva a un pronto éxito. Y este proceso, con sus aprendizajes, es lo que nos va a ayudar a ser felices. 

 Sonrisas

LOS EXCESIVAMENTE POSITIVOS SON LOS MENOS FELICES. 

Ahora, esto no quiere decir que entonces tengas que comportarte como si vivieras dentro de un tronco hueco vendiendo muffins a los animalitos del bosque. Hay mucha gente allá afuera que hace parte del culto “siempre se positivo”. Como esos vendedores de los multinivel, que son extremadamente positivos. Son como Papa Noel… en Disney… tomando Prozac. 

La gente que es extremadamente positiva (y que los hace extremadamente fastidiosos) incluso en situaciones que son una mierda son un peligro emocional. La negación de las emociones naturales, como las negativas, conlleva al largo plazo a más emociones más negativas y a una vida emocional bastante disfuncional.  

Las emociones negativas son naturales y necesarias. Nadie puede negar que hay situaciones que son una mierda. Las cosas salen mal. La gente nos fastidia. La cagamos en algun punto. Al final todo eso está bien. Las emociones negativas son parte de una vida emocional saludable. 

El secretito está en expresarlas de una manera socialmente aceptable y que se alinee con tus valores. 

Por ejemplo, cuando te llevan con tu mejor amigo a una de esas reuniones multinivel en las que todos cantan, bailan, dan carros y asensos. Todos menos ustedes dos, porque no son parte del culto la organización (todavía). Y te presentan a los integrantes que estan ganando milllones solo vendiendo Herbalife, contestando su telefono dos veces al día sin tener que hacer nada. (¿Recuerdan esto sobre el falso concepto de felicidad y el hacer que las cosas pasen?) Ahí de seguro te preguntarán: 

 “¿Dónde has estado todo este tiempo? ¡Necesitamos a alguien como tu! ¡Venga, que positivo atrae positivo!” 

 En lugar de recurrir a la violencia o vomitar ahí mismo, yo les dije algo como:   

 En realidad, los estabamos esperando a ustedes. Nacimos en este cuarto. Crecimos en este cuarto. Y pensabamos morir acá. Solos. Pero ahora que han llegado nuestras vidas podrán comenzar de nuevo”. 

 

LA FELICIDAD ES ALINEARTE CONSCIENTEMENTE Y VIVIR EL RESULTADO DEL PROCESO. 

Ahora sí, ¿Qué se requiere para ser feliz según mi experiencia? (Y venga, no digo que sea yo el ejemplo a seguir, ni que sea yo el más feliz del mundo) Pienso que para ser feliz uno debe alinear sus valores y prioridades con su hacer y sus pasiones. Para llegar a algo que llamo el “yo ideal”. De lo contrario la cosa se vuelve como jugar a Simon el Bobito. 

Por ejemplo, una persona X que odia las ventas, no debería estar trabajando en ventas. Aunque se encuentre en la empresa más prestigiosa del mundo, donde tenga reconocimiento de todo su círculo social porque “está en esa empresa” y se empaquete todo ese dinero que viene en el jugoso cheque mes a mes… al final del cuento no le va a gustar y se va a ir a la cama con hastío mental de pensar que su jefa lo va a llamar al siguiente día. No va a ser feliz con su trabajo todos los días, porque su “yo ideal” simplemente no se alinea con ir a corretear clientes todo el día, contestar llamadas y preocuparse por las metas que ve en un papel. 

Una persona cuya prioridad es pasar tiempo con su familia deberia tratar de alejarse de un trabajo que lo consuma todos los días de las semana. Y una persona cuya pasión es el café y la gente debería tratar de ocuparse en algo relacionado con bebidas calientes y el campo, en lugar de estar trabajando para manufacturar tubos de acero. Una persona cuya pasión es escribir, debería comenzar a escribir un blog, o buscar dónde puede escribir en sus tiempos libres.

Ahora, no todos los “yo ideales” tienen que vivir viajando por el mundo, o haciendo cosas consideradas “cool”. Esto es parte de la trampa del marketing que les mencioné anteriormente. 

Todos tenemos “yo ideales” diferentes.  Las prioridades cambian dependiendo de la persona: familia, amigos, trabajo, uno mismo… Es por esto que hay gente pobre en algún pueblo del Chocó siendo feliz y gente miserable en altos cargos ejecutivos pensando sobre su infeliz vida en su apartamento tipo loft en Bogotá. Independientemente de las emociones o el contexto algunos viven de acuerdo a sus valores, prioridades y pasiones; y otros que simplemente no lo hacen. 

He conocido gente cuya prioridad es trabajar y son felices haciéndolo. Un caso específico, una colega que se despertaba a las 4am a mandar correos a la gente de la empresa y clientes. Bueno, allá ella. Se lo gozaba y eso la hacía posiblemente feliz. De la misma forma conocí gente cuya prioridad no es el trabajo y que ha dejado prestigiosos puestos para buscar más tranquilidad y una vida que les de tiempo para ellos. 

Cuando estas cosas no está alineado dentro de nosotros comenzamos a tener ataques de ansiedad, de depresión, de inestabilidad emocional y somos infelices. Todo nos puede molestar y todo puede hacer estallar una bomba de tiempo emocional. 

Una amiga mia decidió renunciar a un trabajo estable de una de las empresas más conocidas del país para buscar algo nuevo. Su trabajo aunque estaba bien y le generaba ese “wow” de la suegra cuando contaba dónde trabajaba, simplemente no se alineaba con lo que ella esperaba de si misma en el futuro. Así que renunció y decidió darse un tiempo con los pocos ahorros que tenía. Después de recorrer el sudeste asiático (casi sin dinero) se fue a otro país. Y allí comenzó vendiendo camisetas para una marca gringa reconocida. 

Así es, de un futuro de ejecutiva a vender camisetas. Sin estabilidad. Sin comodidades. Y por cierto, vivía en un cuarto que una amiga de su familia le dejaba ocupar. 

Bueno, resulta que luego encontró otro trabajo en una de las compañías aereas más grandes del continente, trabajando como cabeza de marketing para la carga farmaceutica. Trabajo que, aunque no amaba, le enseñó un montón de cosas. En este momento se encuentra en Bostón comenzando nuevos proyectos y estoy seguro que puede mirar atrás y estar orgullosa de todo lo que ha hecho.  

Lo interesante de este ejemplo (y ojalá mi amiga me perdone por exponerla acá) es que su viaje no ha terminado. Puede que no esté en la situación más prestigiosa del mundo y de su vida, pero al final no es el resultado el que determina su estado. Es el viaje/proceso que ha hecho y vivido el que lo hace algo especial. 

De lo contrario seguiría en donde se encontraba en primer lugar preguntandose “¿Debería hacerlo?”. Esto posiblemente es más angustiante que encarar el potencial fracaso de una forma frentera. 

Ponernos de frente al fracaso de nuestras expectativas es angustiante. Pero que las expectativas fracasen no tiene nada contradictorio a un estado feliz. La habilidad de fallar y aprender de eso es uno de los bloques constructivos de la felicidad, como lo mencioné antes.

Correr una maratón te hace más feliz que comerte una torta de chocolate. Aprender un lenguaje y luego ser capaz de tener una conversación en él te hace más feliz que ver una serie de televisión. Criar un perrito te hace más feliz que pasar un videojuego. Comenzar un negocio con tus amigos te hace más feliz que una fiesta durante el sábado. Tener una relación con alguien que amas te hace más feliz que una noche de sexo sin sentido. 

¿Porqué? Si te pones a pensarlo estas actividades son extremadamente molestas. Requieren angustia, fatiga, dolor, trabajo duro y mucho esfuerzo. Y es por esto mismo que son tan valiosas. 

Es porque estos procesos son los que nos ayudar a definir y vivir en un estado personalmente ideal. El “yo ideal” no está dado por el resultado final, sino por el proceso que se vive tratando de llegar a ese resultado, aunque al final no se termine de llegar al 100%. 

Por esto, cuando comienzas un negocio con tus amigos, no te importa si no estas ganando lo miso que cuando estuviste de esclavo en esa prestigiosa empresa. No es el prestigio y la plata que esto trae, sino cómo se afrontan retos y dificultades con la gente que te importa. No es el mostrar ante los otros que puedes hablar en otro idioma, es poder formar una nueva amistad/defenderte por ti solo con algo a lo que le pusiste tanto empeño. No es tener un perro genial que puedas mostrar, sino saber que estas poniendo algo de ti en otra criatura para hacerla mejor. 

Los resultados siempre van a cambiar, o no serán los esperados. Puede ser que cuando terminemos de escalar esa colina, queramos escalar otra con lo que hemos aprendido subiendo esta. Puede ser que cuando termines de posicionar tu marca de vestido de baños femeninos quieras comenzar con los masculinos. Que luego de escribir ese libro quieras escribir un guión de una película. Que luego de aprender portugues quieras aprender griego. 

Es por esto que la frase de Dumbledore es tan valiosa. Nos habla de una paradoja. El querer ser feliz nos demuestra que no somos felices. Y que cuando lo somos es algo que se es. No algo que se adquiere de afuera. Es ser nuestro yo ideal y verlo reflejado en ese espejo. 

Por eso creo que el mejor consejo es simplemente ser conciente. Entender y pensar quién queremos ser. Cómo es nuestro yo ideal. Cómo podemos alinear nuestros valores y pasiones con nuestro hacer. Y hacer que las cosas pasen.  

Esto no asegura que vayamos a llegar. Esto no asegura nada. Pero cuando soñamos en grande debemos pasar del querer al hacer y comenzarnos a mover, dejando la pereza y el miedo de un lado; comenzar a caminar esa vía nos motivará e inspirará para seguir haciéndolo día, tras semana, tras mes, tras año. 

No pienses en el resultado. No pienses en el fracaso.  La motivación e inspiración que tienes sólo es un instrumento que te ayudará a recorrer el camino, sin importar el resultado. Vive. Solo sal y vive. Deja de tratar de ser feliz, deja de querer ser feliz y solo sé.