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Deja de comprar basura y dejarán de hacerla. Como ser un consumidor responsable

COVER - Deja de comprar basura

¡Felicitaciones! ¡Hemos acabado con la marca de Ivanka Trump! Si quieres ser un consumidor responsable, o estas buscando serlo esto te puede interesar enormemente.

Puede ser que no sepas de qué esté hablando. Puede ser que no sepas que esta mujer tenía una marca de ropa. Puede ser que ni siquiera sepas quien es esta mujer (¿Enserio?, bueno puede ser). Pero el caso de Ivanka Trump es bien interesante y me ayudará a exponer cómo el decidir qué tipo de consumo y a quién consumimos puede tener grandes efectos en cosas como cadenas de producción, marcas y demás. Tenemos un gran poder como consumidores del que no somos conscientes. Y especialmente quiero hablarles de una alternativa al consumo de alimentos, de los cuales se pierden y desperdician alrededor de 1/3 en los anaqueles de supermercados o en ineficiencias de la cadena de producción.

Si continúas leyendo y quieres saber cómo esta niña rica nos va a ayudar a hablar de los campesinos en países como Colombia comencemos por la historia de la marca de Ivanka, y qué fue lo que pasó.

Ivanka Trump es la hija del actual presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La millonaria chica abrió una marca de ropa con su nombre (viva la creatividad) a eso del 2007. Enfocándose primero en joyas y luego en de ropa, etc… Siendo una millonaria desde su nacimiento y con papi como el presidente de los Estados Unidos uno pensaría que el éxito está garantizado. Pero en 2018 la empresa cerró y nada más se escuchó de ella.

El comunicado oficial fue que ella “quería enfocarse más en involucrarse en la administración de su padre”. Esto tiene sentido… Pero la fecha del aviso fue curiosa, porque fácilmente lo pudo haberlo dicho 2 años antes, cuando comenzaron sus tareas en la Casa Blanca.

La verdad es que su negocio se estaba ahogando. Sus ventas habían caído un 55% únicamente en un año. Y no es de extrañarse. La marca de Ivanka fue blanco de un boycott masivo por haberse descubierto muchas violaciones de derechos humanos y laborales en sus cadenas de producción: Empleados forzados a trabajar 57 horas a la semana pagándoles menos que 62 $USD por semana (menos del salario mínimo en China), esto sin mencionar malas políticas con sus vendedores aliados y cuestionables diseños .

Así que bien sea por la mala calidad de las prendas, por consciencia ética o porque algunos se sintieron ofendidos gracias a las políticas de separación de hijos de su padre. El hecho es que: nuestras decisiones de consumo individuales sí importan. Y somos responsables de acabar con marcas, o forzar industrias a cambiar.

Bueno a este punto algunos me dirán que es el caso de una empresa, que la niña rica no sabía diseñar y que los “milagros pasan”, mientras se comen esa bolsa de doritos y piensan qué serie de Netflix ver esta noche. Pero es una tendencia real que se está viendo, especialmente en la industria del “Fast Fashion (o moda rápida). 

El Fast Fashion puede estar en sus últimos pasos. Tomemos el caso de H&M, que se vio obligado a admitir en su informe financiero de marzo que tenía $ 4,3 mil millones de inventario sin vender en sus estantes, junto con una caída masiva en sus ventas. De hecho, la compañía sueca ha comenzado a incinerar ropa en plantas de energía para generar energía (sí, esto se puede hacer en estos países). Si nos paramos a considerar todas las materias primas, la contaminación química, el trabajo humano y los costos de transporte necesarios para hacer una sola camisa, la escala de los desechos es increíble. Pero el hecho de que no estamos comprando los productos que H&M está produciendo también envía un poderoso mensaje a la compañía: hemos perdido el apetito por la moda rápida, la categoría de ropa en la que H&M era pionera y ayudó a promover.

La promesa original de la moda rápida era que democratizaría el buen diseño. H&M, junto con otros gigantes minoristas como Zara, Forever21 y TopShop, estudiarían los looks que los diseñadores mostraban en la semana de la moda y luego crearían estilos similares a precios muy bajos. Lo hicieron mediante la construcción de una cadena de suministro global, y aprovechando la mano de obra de bajos salarios, que podía producir diseños más rápido que nunca. Y el concepto se extendió por toda la industria, obligando a compañías como Target y Walmart a mantenerse al suministrar a los clientes ropa igualmente barata y de moda.

Pero la moda rápida también capacitó a los consumidores para pensar en la ropa como desechable. Cuando puedes comprar un vestido por $ 12.99, es muy fácil regresar en una semana para elegir uno nuevo y tirar el viejo. Ahora sabemos que este comportamiento tiene enormes consecuencias ambientales. Como los medios han informado ampliamente, los estadounidenses han duplicado la cantidad de ropa que tiran cada año en las últimas dos décadas de 7 millones a 14 millones de toneladas, lo que equivale a 36 kilos por persona. Y donar ropa a organizaciones benéficas solo crea dolores de cabeza económicos en los países en desarrollo, algunos de los cuales están tratando de prohibir la importación de ropa de segunda mano.

Ya no estamos interesados ​​en eso. Y no son solo los ingresos de H&M los que están cayendo dramáticamente. La empresa matriz de Zara, Inditex, está viendo ventas lentas este año, llevando sus acciones a una baja de tres años, mientras que Forever 21 reportó una pérdida de $ 40 millones a fines de 2017.

H&M parece estar recibiendo el mensaje. Ahora está jugando con conceptos alternativos, como ARKET, una nueva marca que se enfoca en crear productos duraderos utilizando materiales de la más alta calidad en el mercado. ARKET actualmente solo está disponible en Europa, donde por el equivalente de $ 90 puedes obtener un vestido clásico con correa de raso que podrás usar todos los veranos durante años. CONCIOUS es una línea de ropa hecha con algodón cultivado con políticas limpias y sostenibles que se amplía cada vez más en sus anaqueles. Es una señal de cuán drásticamente ha cambiado el pensamiento de H&M, todo porque estamos pidiendo algo mejor.

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LA INDUSTRIA DE ALIMENTOS. UN DESPERDICIO SILENCIOSO.

Hoy en día se desperdician o se pierden alrededor de 1/3 de los alimentos que se producen en el mundo. Estamos hablando de unas 300 millones de toneladas de comida, con cosas como frutas y verduras encabezando la lista. Cada día que investigo de este tipo de cosas pienso que estamos jugando a “Simón el bobito”. Mientras que 1 de cada nueve personas en el mundo se va a dormir sin comer, 1/3 de la comida simplemente se tira a la basura o se pudre en los anaqueles de los supermercados. 

Es por esto que hoy les hablaré de algo que me encanta que se llama las Redes de consumo solidario. Una alternativa que descubrí y llevo utilizando desde que me encontraba en la universidad. Creo es una forma de consumo de alimentos más sostenible y responsable. Como soy un poco idealista y creo que nosotros como consumidores tenemos un poder de decisión del que no somos conscientes les comparto mis conocimientos del tema. Seguro le sirven a alguien y este alguien puede comenzar a utilizar este tipo de redes para comprar sus víveres de ahora en adelante. 

Para comenzar les tengo que explicar qué es la FAO:

La FAO es una agencia que no muchos han escuchado. Es la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Tiene sede en Roma y básicamente este es un organismo que dirige actividades internacionales para erradicar el hambre. Brinda servicios a países desarrollados como en vías de desarrollo, actúa como un foro donde los países se reúnen para negociar acuerdos y debatir políticas (que cumplen a eso de 30 años o más) y mide e informa como está la situación de hambre en el mundo.

Fácil.

Bueno, en el informe del 2019 la FAO estimó que en Colombia 2.4 millones de personas padecen hambre. Esto nos puede parecer alarmante, especialmente sabiendo que esta es casi la mitad de la población de un país como Noruega. En el mismo estudio presentado en Nueva York se informó que hay 821 millones de personas subalimentadas a nivel global. Pensemos en esto. 821 millones de personas. Toda Suramérica tiene 422 millones de personas. Toda Norte América tiene 579 millones. Y toda Europa tiene 741 millones.

Aterricemos el caso en Colombia nuevamente. El país tiene un 54% de hogares que viven día a día en inseguridad alimentaria (que la gente de estos hogares no tiene acceso seguro a alimentos. Esto significa que no sabe si va a poder comer). Y aun así, cada año 9.76 millones de toneladas de alimentos se pierden/desperdician en el país. 6.1 millones de frutas y verduras, 2.4 millones de tubérculos y raíces (la papita), 772,000 a cereales, 269,000 a carnes, 50,000 a pescado, 29,000 a lácteos y seguimos… Por ahora, todo muy horrible. 

Pero quedarnos en la quejadera y llorando no va a ser la solución. Hay que pasar a la acción.

REDES DE ECONOMIA SOLIDARIA, UN NUEVO CONCEPTO PARA EL CONSUMIDOR RESPONSABLE

A diferencia de los modelos económicos tradicionales y occidentales existen dos conceptos que dan origen a las redes de economía solidaria: La economía solidaria y la economía colaborativa.

Las economías solidarias son formas de consumo, producción y distribución que tiene como objetivo central las necesidades sociales y medioambientales, y no necesariamente la maximización de ganancia.

Las economías colaborativas son un modelo económico que basado en el intercambio y puesta en común de bienes y servicios a través de plataformas digitales. Básicamente poner en contacto a alguien que necesita algo con una persona que lo ofrece. Se basa en valores como compartir y cooperar.

Estos no son modelos económicos sacados de “hippielandia” donde no se genera ninguna ganancia, y la gente vive de sonrisas y abrazos. Nadie vive de eso. Estos son modelos económicos viables que simplemente ponen su centro en un concepto diferente al de la maximización de capital. En el caso de las economías colaborativas, estas suelen sumergirse en sistemas económicos tradicionales y terminan con la tradicional: “maximización de ganancia al menor costo”. Airbnb y Uber son ejemplos líderes en este tipo de economías, donde se comienza por valores como los mencionados anteriormente, pero se debe operar en un sistema capitalista tradicional.

Hay un punto en que ambas se tocan, y estas son las redes de economía solidaria. Uno de los tipos de redes de economía solidaria se aplica a la agricultura. Donde pequeños y medianos campesinos se agrupan para producir con prácticas más sostenibles y limpias una variedad de productos. Los comercializan apalancándose de plataformas virtuales y los venden directamente a quienes compran estos productos sin necesidad de intermediarios en la cadena de distribución.

La propuesta es simple: Tienes campesinos de un lado produciendo a escalas más pequeñas, por lo que no se ven obligados a utilizar químicos ni malas prácticas para maximizar la cantidad de alimento. O modificar los alimentos de alguna forma (hormonas, químicos,..) para que pasen “estándares de calidad visual”. Se reduce la cantidad de pérdidas por cadena de distribución, pues la comida se produce y luego se reparte en una cadena mucho más sencilla. Llega mucho más fresca a tu casa y de forma directa. Y tu únicamente debes hacer tu pedido en sus plataformas virtuales y sentarte a esperar a que llegue el día que reparten los productos (usualmente son días específicos de la semana). Los campesinos reciben más ganancias por no tener intermediarios, la comida llega de manera más saludable y fresca por el uso de buenas prácticas, y tu recibes mercado en la puerta de tu casa que es mucho más fresco. Un triple-gana. 

COMO FUNCIONAN ESTAS REDES

Los productos que se repartes son los que se cosechan. Los consumidores pueden elegir los productos de manera individual o en combinaciones ya seleccionadas dependiendo de la cantidad de personas, la frecuencia con la que cocinan y el tipo de hogar. Estas combinaciones (o canastas) tienen casi siempre los mismos productos básicos: tomates, cebollas, papas… pero a veces cambian algunas frutas y productos dependiendo de lo que se cosechó esa semana.

Además de esto muchas ofrecen productos extra, como: arepas, café, lácteos, mermeladas… todo preparado de manera artesanal, responsable y con nada (o la menor cantidad) de químicos.

Los precios son justos para los productores. Cada red maneja sus productos y sus precios. Y los pedidos se admiten hasta cierto día de la semana, a una hora determinada, para que se puedan organizar las listas y distribuir a tiempo a todos los consumidores a las puertas de sus casas.

ALGUNAS REDES AGROECOLÓGICAS QUE CONOZCO EN COLOMBIA.

La canasta (Bogotá)

Sembrando Confianza (Bogotá)

La Trocha Bogota (Bogotá)

Vida Orgánica (Bogotá)

Siembra Viva (Medellin)

Mankka (Bucaramanga)

Si no te encuentras en Colombia simplemente busca “Red de consumo agroecológica” cerca de donde vives. Estos proyectos se encuentran en todos los países y son una buena alternativa para comenzar a consumir de una forma más limpia.

ESTAMOS DEMANDANDO MARCAS Y FORMAS DE CONSUMO MÁS SOSTENIBLES

No es solo un tema de calidad de la ropa o desechos ambientales. Hay una consciencia que se está despertando en los consumidores y las nuevas generaciones sobre las condiciones de los trabajadores y qué tan digna es su experiencia laboral. 

Algunos jugadores de las industrias han comenzado a captar este mensaje y a notar que la consciencia sobre el tipo de consumo, las condiciones laborales y las repercusiones ambientales está comenzando a crearse. Pero como consumidores, nuestro trabajo está lejos de acabar. Aunque existe evidencia del incremento en la demanda de productos sostenibles, responsables y éticamente conscientes especialmente entre las generaciones más jóvenes las grandes corporaciones son las más lentas en reaccionar. Básicamente porque creen que cualquier cosa que pongan en el mercado va a tener clientela.

Cuando escuchamos historias de malas prácticas, abuso de trabajadores u otro tipo de escándalos podemos tomar un papel de apatía. Encoger nuestros hombros mientras nos decimos a nosotros mismos que no hay mucho que podamos hacer para cambiar el status quo, mientras saboreamos esa bolsa de Doritos. Pero hay algo enorme que podemos hacer, y es expresar nuestro disgusto o protesta con un cambio en la forma como consumimos. Ser consciente de cómo y a quién consumimos. Puede ser nuestro próximo mercado, o un nuevo par de jeans. Este es el poder del consumidor responsable que genera una reacción en cadena.

Las cosas no van a cambiar inmediatamente. Pero con el tiempo este tipo de activismo, que tiene como objetivo la billetera de las grandes compañías, funciona. Y es una forma sencilla de generar un cambio sostenido a largo plazo, pero está en nuestras manos hacer que las cosas pasen.

Si no me creen, pregúntenle a Ivanka Trump.

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Tags: , Last modified: January 30, 2024
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